<<Que nada ni nadie os quite la paz. ¡No os avergoncéis del Señor>>. Estas fueron algunas de las primeras palabras que Benedicto XVI nos dirigió a su llegada el pasado 18 de agosto en el aeropuer to de Barajas.
Y así ha hecho la juventud que en estos días se ha reunido en Madrid para la JMJ. Más de dos millones de cris tianos de todo el mundo han gritado fuerte, aguantando horas bajo el sol, colas, multitudes, manifestaciones y todo tipo de inclemencias meteorológicas, para proclamar orgu llosos a los “cuatro vientos” que Cristo es la única Verdad y que es el centro de nuestras vidas.
Cibeles, Colón, el Paseo de Recoletos, San Lorenzo de El Escorial, la Almudena y otros puntos clave de Madrid han sido escenario de la gran fiesta de la fe que ha supuesto la Jornada Mundial de Juventud.
Un granito de arena hemos querido aportar desde el Pilar. Mayores, jóvenes y pequeños, sacerdotes y laicos de nuestra parroquia han ayudado día y noche como voluntarios y colaboradores para atender a
toda la gente que por aquí ha pasado.
Más de 130 peregrinos venidos desde Estados Unidos, Australia, India y Francia se han alojado durante estos días en los salones parroquiales y con algunas familias de feligreses de nuestra parroquia.
Asimismo, durante toda la semana, más de 2500 personas han pasado diariamente por nuestra plaza y templo para los distintos actos que se han celebrado. Hemos podido disfrutar de varias celebraciones y catequesis con Obispos de Chicago, Francia, Madagascar, Etiopía y Austria, que han sido una increíble oportu nidad para vivir la fe con fervor y devoción.
Además, durante unos días, nuestra parroquia se ha convertido en centro neurálgico de actos culturales para la Comunidad de San Juan de Lion (Francia) y muchos peregrinos franceses y de otras partes del mundo, con los que hemos compartido y disfrutado grandes momentos de alegría y diversión en conciertos, teatros y otros espectáculos, pero también fuertes momentos para la oración.
<<Dejo España contento y agradecido a todos. Pero sobre todo a Dios, Nuestro Señor, que me ha permi tido celebrar esta Jornada, tan llena de gracia y emoción, tan cargada de dinamismo y esperanza>>.
Con estas palabras se despedía el Santo Padre y con un mensaje claro para todos nosotros:
<<Os invito ahora a difundir por todos los rincones del mundo la gozosa y profunda experiencia de fe vivida en este noble país. Transmitid vuestra alegría especialmente a los que hubieran querido venir y no han podido hacerlo por las más diversas circunstancias, a tantos como han rezado por vosotros y a quienes la celebración misma de la Jornada les ha tocado el corazón. Con vuestra cercanía y testimonio, ayudad a vuestros amigos y compañeros a descubrir que amar a Cristo es vivir en plenitud>>.